Lo ocurrido en Tunnel Club ¿Combatir las drogas o perseguir la cultura electrónica?
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Lo ocurrido en Tunnel Club ¿Combatir las drogas o perseguir la cultura electrónica?

¿Combatir las drogas o perseguir la cultura electrónica?

Lo ocurrido en Tunnel Club el pasado 10 de octubre vuelve a poner sobre la mesa una preocupación que nuestra escena arrastra desde hace décadas: la estigmatización de la música electrónica y la falta de objetividad en la manera como las autoridades se relacionan con ella.

El cierre temporal de Tunnel durante tres días, acompañado de un importante despliegue mediático alrededor de la lucha contra las drogas, nos lleva a reflexionar sobre el verdadero alcance de estas actuaciones. El establecimiento retomó sus actividades, mientras permanece una pregunta: ¿qué impacto real tienen estos procedimientos sobre el consumo de sustancias psicoactivas?

Desde Bass Factory no cuestionamos la obligación de las autoridades de ejercer controles ni pretendemos justificar conductas ilegales. Lo que nos preocupa es que la respuesta institucional parezca concentrarse en medidas sancionatorias y exposición mediática, mientras poco se habla de educación, prevención, reducción de riesgos y daños o construcción de políticas públicas efectivas.

La escena electrónica de Pereira y el Eje Cafetero lleva cerca de treinta años construyendo cultura, comunidad e identidad. Es un movimiento que ha generado espacios de encuentro, expresión artística y convivencia, pero que continúa cargando con el estigma de las sustancias psicoactivas, como si el consumo fuera exclusivo de nuestros escenarios.

¿Dónde están las campañas de prevención? ¿Dónde está el acompañamiento institucional? ¿Por qué no construir estrategias conjuntas con quienes llevamos décadas trabajando por esta cultura?

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Nos preocupa la aparente falta de objetividad con la que algunas administraciones y organismos de control abordan nuestra escena. La seguridad debe garantizarse en todos los espacios de entretenimiento, con criterios uniformes, sin prejuicios asociados a un género musical.

Combatir el tráfico de drogas es necesario. Educar sobre el consumo y sus riesgos también. Pero convertir operativos aislados en grandes demostraciones mediáticas no debería reemplazar una política seria y sostenida de prevención.

No pedimos privilegios. Pedimos respeto, objetividad y una institucionalidad que comprenda que la cultura electrónica puede ser parte de la solución y no debe ser tratada como el problema.

Después de treinta años, nuestra escena merece algo más que titulares y estigmas.

Bass Factory — Música, Cultura y Movimiento

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